Piden una nueva cita, esta vez expositiva, para la obra del pintor Jesús Molina en Ciudad Real

Presentación del libro sobre el pintor Jesús Molina García (Fotos: Ayer&hoy)

"Aquí, en Ciudad Real, Jesús Molina García comenzó su vocación artística, y aquí, en el Museo de la Merced, nos ha citado muchos años después al acto de presentación de un libro sobre su historia y trayectoria artística. Esperamos que más pronto que tarde nos vuelva a citar de nuevo en este maravilloso lugar para admirar una exposición en torno a su gran y prolífica obra pictórica".

Con estas palabras, concluyó este miércoles la presentación del libro Jesús Molina García 1903-1968. El impacto de la guerra civil en un pintor republicano, a cargo de uno de sus autores Javier García-Luengo, profesor en la Escuela Universitaria de Artes TAI de la Universidad Rey Juan Carlos y de la Universidad Internacional de Valencia. Vicente Palomares, maestro y licenciado en Pedagogía, y Francisco Alía Miranda, catedrático de Historia Contemporánea en la UCLM -que excusó su asistencia-, son los otros dos autores de esta interesante publicación. 

Con un testigo de excepción, el hijo del artista, Rafael Molina, y familiares de la capital que han colaborado en el contenido del libro, se desarrolló este acto bajo el sobrenombre 'Jesús Molina vuelve a Ciudad Real, su casa' en el que intervino el concejal de Cultura, Pedro Lozano, quien agradeció a los autores la ingente labor de investigación para poner en valor a un artista de Ciudad Real "un pintor nuestro, con obras que conocía aunque no sabía que eran de su autoría, y que se codeó con genios de la pintura de todos los tiempos como Dalí o Picasso". También estuvo presente la concejal de Educación, María José Escobedo.

Por su parte, Vicente Palomares, centrado en la biografía de Jesús Molina García, discurrió por la vida de Jesús Molina desde su niñez hasta su fallecimiento, destacando la genialidad del pintor desde temprana edad, "sólo con 14 años ya realizó un dibujo de Dante a carboncillo en la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real, entonces en la calle de la Mata o antigua Saúco Díez". En las idas y venidas de la familia por motivos laborales, (Zamora, Don Benito...) acaban en Madrid donde Jesús Molina se sumerge en la copia de cuadros de pintores clásicos como Velázquez o Goya. En la capital de España ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando donde coincidió con Gregorio Prieto. Fue becado de la Academia de España en Roma y participó en 1937 en la Exposición Internacional de París con 5 acuarelas y dos óleos, obteniendo medalla. En 1944 fue Premio Nacional de Pintura por la obra Mujer en Amarillo. Destacable es su etapa vital de la guerra civil, plasmando la muerte, el dolor y el hambre de la población no sólo en sus pinturas sino en unos diarios de guerra manuscritos que han servido también de documentación a esta obra.

En su intervención, Javier García-Luengo abordó el fondo artístico de Jesús Molina, "un prolífico pintor y escritor, que teorizó sobre el arte, hijo de la Generación del 98 y contemporáneo del 27, conmovido por la tradición clásica para su renovación desde su estilo figurativo". En una amena y didáctica charla, el profesor García-Luengo fue describiendo las enormes virtudes y dotes artísticas de Molina, instruido primero por el profesor Enrique Navas, director de la Escuela de Artes de Ciudad Real, en el gusto por el retrato, "sus retratos dotan de elegancia y dignidad al personaje, a semejanza de Zuloaga o Velázquez en su serie de cuadros de bufones". Otra obra destacada por el autor fue La Gitana, influencia del pintor cordobés Julio Romero de Torres, o sus paisajes realizados en la Escuela de Paisajistas de El Paular.  

En los años 30, prosiguió, "vuelve al orden, a los clásicos, con sus desnudos, donde se aprecia el virtuosismo con el dibujo". En plena guerra civil, García-Luengo muestra obras de Molina como Mueren por una idea (denota el paralelismo con los fusilamientos de Goya), Los dolientes (de composición similar a una piedad y de estética oscura, reflejo del horror de la guerra), En el interior del hogar, Minero (atención siempre a los más desfavorecidos). En su última etapa, Jesús Molina se mantiene fiel a la figuración aunque experimenta con la abstracción. En definitiva, concluyó uno de los autores, es un pintor que lucha en solitario a contracorriente pero influenciado por nuevas experiencias estéticas.    

Sin duda, un gran pintor que bien merece al menos una exposición en su tierra, como demandó García-Luengo, y sobre la que la familia no tiene ningún inconveniente, es más, muestra su total disposición. La pelota ahora está en el tejado de las autoridades competentes.